Ubu Reynold presenta MAMBO: una noche de rock crudo, cerveza y caderas en Bogotá
Hay bandas que nacen buscando una fórmula y hay otras que parecen aparecer precisamente para olvidarse de ella. Ubu Reynold pertenece a la segunda categoría. Su propuesta parte de una idea tan sencilla como poderosa: tocar rock and roll sin demasiados adornos, dejar que las guitarras hagan ruido y permitir que la música siga primero a la tripa y después a la cabeza.
Aunque Ubu Reynold se conformó en 2024, sus integrantes no son precisamente recién llegados a las tarimas bogotanas. Detrás de la banda hay músicos que llevan años recorriendo la escena independiente de la ciudad y que han pasado por proyectos como Mmodcats, Nanook el Último Esquimal, Sexy Lucy, De Juepuchas, Barbitúricos, Nawal, Silencio No Hay Banda, Vilamarea, Pernett y This Early Autumn.
También conocen de primera mano algunos de los escenarios más importantes de la música colombiana. Rock al Parque y Estéreo Picnic aparecen en el recorrido de varios de sus integrantes, una experiencia que ayuda a entender de dónde viene esa seguridad para tocar sin pedir demasiadas disculpas.
Ahora, todo ese recorrido desemboca en “MAMBO”, el álbum debut de Ubu Reynold: una colección de canciones que no parece interesada en demostrar virtuosismo, sino en recuperar algo mucho más elemental del rock: el impulso de tocar, sudar, reírse de uno mismo y hacer ruido.}
El rock cuando deja de tomarse tan en serio
Desde “Satélite”, primer sencillo de la banda, Ubu Reynold plantea un universo atravesado por el sarcasmo, la decadencia, el humor y cierta fascinación por los personajes que se descomponen mientras intentan descubrir quiénes son.
La canción funciona como una especie de declaración de principios. Hay una mirada incómoda sobre el ego, la identidad y esa necesidad humana de convertir incluso nuestras propias miserias en espectáculo. Todo envuelto en guitarras y una actitud que parece decir que, si vamos a hablar de nuestras contradicciones, al menos podemos hacerlo bailando.
Ese espíritu se extiende por “MAMBO”.
El disco se aleja deliberadamente del virtuosismo académico y de la obsesión por el detalle perfecto. Aquí no parece haber interés por demostrar cuánto puede tocar una banda, sino por descubrir cuánto puede hacer sentir.
Y esa diferencia es importante.
Ubu Reynold habla de un rock más físico que intelectual. Un sonido que viene del punk, del blues y del garaje, pero que también carga con la historia de una ciudad donde el rock independiente ha aprendido a sobrevivir con pocos recursos y mucha convicción.
La propia banda lo resume sin demasiadas vueltas: rock and roll crudo, sin ornamentos ni pretensiones.
Es una declaración que encaja con sus influencias: The Stooges, Brian Jonestown Massacre, Los Tres, Jon Spencer Blues Explosion, Velvet Underground, The Greenhornes, Natural Child, Creedence Clearwater Revival y The Beatles. Una mezcla suficientemente amplia como para entender que Ubu Reynold no está intentando reproducir un sonido específico, sino apropiarse de distintas formas de entender el rock y convertirlas en algo propio.
Un álbum para la tripa
Hay algo particularmente interesante en la manera en que Ubu Reynold entiende la música.
En una época en la que buena parte de la producción musical parece diseñada para ser analizada, etiquetada y optimizada, “MAMBO” apuesta por algo mucho más primitivo: el cuerpo.
La banda habla de un sentimiento tribal, simple y comandado por la “tripa”. Y quizás ahí está la clave para entender el álbum.
No se trata de escuchar “MAMBO” esperando encontrar una exhibición técnica. Se trata de dejar que el bajo, las guitarras, la batería y las voces hagan su trabajo. Que el cuerpo reaccione antes de que aparezca la explicación.
Que las caderas se muevan.
Porque, en el fondo, el objetivo de Ubu Reynold parece ser ese: recuperar el carácter colectivo y casi instintivo que alguna vez tuvo el rock and roll.
Entre tiranos, sarcasmo y víboras
El universo de Ubu Reynold tampoco está construido desde la solemnidad.
Su nombre y parte de su imaginario encuentran una conexión con Alfred Jarry, el creador de Ubú rey, aquel personaje grotesco que representa el poder llevado hasta el absurdo: un tirano corrupto, despótico y ridículo que termina siendo víctima de su propia monstruosidad.
La referencia no es gratuita.
En las canciones de Ubu Reynold hay personajes que parecen vivir al límite, atrapados entre el deseo, el exceso, el humor negro y una especie de autodestrucción consciente. “Satélite”, “Tirado” y “Víboras de Sal” transitan precisamente por ese territorio en el que lo absurdo y lo incómodo terminan encontrándose.
La banda parece entender que también podemos reírnos de nuestras propias miserias.
Quizás porque detrás de cada personaje grotesco existe una parte de nosotros mismos que preferimos no mirar demasiado tiempo frente al espejo.
Y ahí es donde el sarcasmo deja de ser solamente una herramienta estética para convertirse en una forma de supervivencia.
Una banda nueva con memoria
Hay una particularidad en Ubu Reynold que resulta difícil ignorar: aunque la banda es reciente, sus músicos pertenecen a una generación que ayudó a construir buena parte de la escena rockera bogotana de los años 2000.
Eso hace que “MAMBO” llegue con una memoria incorporada.
No es nostalgia en el sentido convencional. No intenta recrear una época ni quedarse atrapado en ella. Es más bien el resultado de músicos que ya conocen el camino, que han tocado en distintos proyectos y escenarios y que ahora decidieron reunirse para hacer exactamente aquello que todavía les produce ganas de tocar.
Y quizá esa sea una de las mejores razones para prestarles atención.
Porque hay algo honesto en una banda que no parece tener la necesidad de convencer a nadie de que es importante.
Simplemente toca.
El mambo se baila en Bogotá
La presentación oficial de “MAMBO” será el próximo sábado 26 de septiembre, a las 9:00 p.m., en Cervecería Gigante, en la Carrera 14a #83-44 de Bogotá.
Para la ocasión, Ubu Reynold estará acompañado por The Kitsch, una de las bandas que mejor conoce el lenguaje del garage rock en la ciudad, y por DJ Lulo Dallas, quien llevará a la noche su gusto por el post-punk y el rock and roll.
El plan parece bastante claro: guitarras, cerveza, ruido y una pista suficientemente grande para comprobar si eso que Ubu Reynold llama “mover las caderas” funciona también en vivo.
La entrada tendrá un valor de $20.000 e incluye una cerveza.
Y quizá no haya mejor manera de presentar un disco como “MAMBO” que hacerlo frente a un público, con los amplificadores encendidos y las canciones dejando de pertenecerle a la banda para convertirse en algo colectivo.
Porque si algo ha demostrado el rock independiente bogotano durante décadas es que una escena no se construye solamente con grandes escenarios o cifras gigantes. Se construye en bares, sótanos, salas pequeñas, cervecerías y lugares donde una banda puede encontrarse directamente con la gente que fue a escucharla.
Ubu Reynold parece querer volver precisamente ahí.
A ese lugar donde el rock no necesita demasiadas explicaciones.
Solo volumen.
Solo guitarras.





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