El próximo capítulo de Rock al Parque ya tiene bandas
- Revista 1991
- 27 abr
- 5 min de lectura
Rock al Parque cumple 30 años y Bogotá responde con veinte proyectos que llegan al festival después de pasar por una convocatoria que pone sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿a qué suena el rock de la ciudad en 2026?

Hay algo bonito —y también un poco aterrador— en cumplir 30 años.
A esa edad ya no basta con decir que uno está empezando. Tampoco sirve vivir únicamente de los recuerdos. Hay que mirar lo que se construyó, revisar lo que cambió y, sobre todo, preguntarse qué viene después.
Rock al Parque está exactamente en ese punto.
Para celebrar sus tres décadas, el festival no solamente decidió mirar hacia atrás. También abrió espacio para escuchar qué está pasando ahora mismo en Bogotá. De ahí salieron 20 agrupaciones seleccionadas a través de la Beca Festival Rock al Parque 2026: Valore, Lo mismo decían de Juana, Narcocracia, No Dependiente, Vein, Lutter Band, Lika Nova, Laura Pérez, Ataque de Pánico, Mashkera, Solegnium, V for Volume, Alto Grado, Boca de Serpiente, Elsa Riveros, Pez Errante, StayWay, Casi, Brina Quoya y La Brigada RPF.
Veinte nombres.
Veinte maneras distintas de entender qué significa hacer música en Bogotá.
Y, de paso, veinte razones para volver al Simón Bolívar en octubre.
NO ES UNA LISTA, ES UNA FOTO
Las convocatorias tienen algo de concurso y algo de radiografía.
Hay quienes llegan buscando una oportunidad. Hay quienes ya llevan años tocando. Hay quienes tienen seguidores, discos, giras y escenarios encima. Otros apenas están empezando a construir ese camino.
Esta selección tiene un poco de todo.
Según los criterios de evaluación, las propuestas fueron revisadas a partir de elementos como la creatividad musical, la coherencia de la propuesta, la trayectoria, el desempeño escénico y la calidad interpretativa. En el proceso se recibieron 327 propuestas, de las cuales 245 quedaron habilitadas para continuar.
Después llegaron las audiciones.
Y después, los veinte nombres.
El resultado se parece menos a un cartel homogéneo y más a una playlist hecha por alguien que no tiene miedo de cambiar de género cada tres canciones.
DEL METAL AL INDIE, SIN PEDIR PERMISO
Si algo demuestra esta selección es que el rock bogotano hace rato dejó de caber en una sola palabra.
Está Valore, con su death metal progresivo, voces limpias y guturales y una historia relativamente reciente que ya incluye escenarios compartidos con nombres internacionales. La banda, fundada en 2022, llega al festival con dos álbumes publicados y una propuesta que no parece especialmente interesada en tocar suavecito.
También está Narcocracia, que se mueve por terrenos pesados, mientras Solegnium y Vein llevan la selección hacia las zonas más extremas del metal.
Por otro lado aparece No Dependiente, con el hardcore en el cuerpo; Lutter Band, desde el punk rock; y Ataque de Pánico, que también encuentra su lugar en el metal.
Y entonces el mapa cambia
Llegan Lika Nova, V For Volume y Boca de Serpiente, proyectos que amplían la conversación hacia el rock alternativo.
Está Alto Grado, con esa mezcla de ska, reggae y rock que hace que cualquier intento de mantener los brazos cruzados dure muy poco.
Está Laura Pérez, que lleva la selección hacia otros lugares de la canción latinoamericana.
Y aparecen nombres como Elsa Riveros, Brina Quoya y Casi, que ayudan a recordar algo bastante elemental: una escena musical no se construye solamente con guitarras distorsionadas y baterías a toda velocidad.
La escena se mueve.
Se mezcla.
Se contradice.
Y eso está bien.
LAS QUE YA VENÍAN HACIENDO RUIDO
Quizá una de las cosas más interesantes de esta selección es que no parece estar buscando una única generación.
Lo mismo decían de Juana lleva alrededor de una década en la escena independiente y suma tres EP y un álbum de estudio, además de giras por distintas ciudades y la creación del Independencia Tour, una iniciativa colaborativa alrededor de la música alternativa independiente.
Es decir: no llegaron ayer.
Pero tampoco llevan treinta años esperando que alguien las descubra.
Ese punto medio parece importante para entender buena parte de esta convocatoria.
Rock al Parque no solamente está poniendo sobre la tarima a quienes ya tienen una historia escrita. También está poniendo a competir, convivir y compartir escenario a proyectos que todavía están escribiendo la suya.
BOGOTÁ SIGUE TENIENDO BANDAS
En tiempos en los que parece que todo ocurre en una pantalla, hacer una banda sigue siendo un acto bastante extraño.
Hay que encontrarse.
Ensayar.
Conseguir dónde tocar.
Grabar.
Publicar.
Mover las canciones.
Conseguir público.
Volver a ensayar.
Y repetir.
A veces durante años.
Por eso una convocatoria como esta también funciona como una especie de mensaje para la ciudad: sí, Bogotá sigue teniendo bandas.
Muchas.
De distintos tamaños.
Con distintas ambiciones.
Con distintos sonidos.
Y con distintas maneras de entender eso que todavía llamamos rock.
La lista de 20 seleccionadas no pretende —ni podría— representar todo lo que ocurre en la ciudad. Pero sí ofrece una fotografía bastante interesante del momento.
Una fotografía en la que conviven el metal más extremo con el indie, el punk con el ska, el hardcore con la canción de autor y las nuevas propuestas con proyectos que ya llevan varios años construyendo una identidad.
TREINTA AÑOS DESPUÉS, EL FUTURO SIGUE SONANDO
Rock al Parque nació en 1995. Tres décadas después, el festival vuelve a hacer algo que ha sido parte de su razón de existir: utilizar el espacio público para poner a sonar a los músicos de Bogotá y conectarlos con otras escenas.
En su edición 30, eso adquiere otro peso.
Porque celebrar un aniversario puede convertirse fácilmente en un ejercicio de nostalgia. Revisar fotografías. Recordar bandas. Contar conciertos históricos. Hablar de quienes estuvieron antes.
Pero también existe otra forma de celebrar.
Mirar hacia adelante.
Y ahí están estas veinte agrupaciones.
Valore. Lo mismo decían de Juana. Narcocracia. No Dependiente. Vein. Lutter Band. Lika Nova. Laura Pérez. Ataque de Pánico. Mashkera. Solegnium. V for Volume. Alto Grado. Boca de Serpiente. Elsa Riveros. Pez Errante. StayWay. Casi. Brina Quoya. La Brigada RPF.
Veinte nombres que, por ahora, pueden parecer simplemente una lista.
En octubre serán otra cosa.
Serán amplificadores encendidos, gente llegando al parque, camisetas empapadas, amigos buscando a sus bandas favoritas, desconocidos preguntando “¿quién está tocando?” y, seguramente, alguna persona descubriendo una agrupación que terminará escuchando durante meses.
Porque esa es una de las mejores cosas que puede hacer un festival.
No decirte qué tienes que escuchar.
Sino ponerte delante algo que todavía no sabías que necesitabas escuchar.
Y si Rock al Parque lleva 30 años haciendo eso, tal vez la mejor manera de celebrar su aniversario sea dejar que estas veinte bandas hagan lo que saben hacer.
Subirse al escenario.
Subirle al amplificador.
Y demostrar que Bogotá todavía tiene mucho ruido por hacer.




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